Crysaor, precedido por la nereida Nausicaa que le había jurado lealtad, no regresó inmediatamente a la Atlántida.
Cruzaron las ruinas de la antaño próspera ciudad de Corinto, castigados cuando el heroico rey intentó escalar el Monte Olimpo.
Se aseguró de que la hija y la nieta del divino Sarpedón encontraran al niño, tal como lo había deseado su madre Medusa. Regresaba de vez en cuando para cuidar de su hermano pequeño.
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