Sería infringir el primer mandamiento del código de caballería promulgado por nuestra diosa: intervenir en un duelo. ¿Acaso quieres que revivamos los tiempos oscuros de Ofiuco?
¡Tonterías! Me digo que, al final, tal vez tenía razón. Con las armas de la Balanza, habríamos derribado esos malditos muros. ¡Mi hermano no habría muerto y mi hermana sería libre!
Áyax, Pólux, Ulises y Néstor tienen razón. Pero no os preocupéis: ¡ese adversario ya ha caído!
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